Arquero volante

Quien goza del privilegio de ser «arquero volante» en un partido so’o puede lucirse tanto bajo los tres palos como muchos metros por delante del arco. Eso sí, para ello el portero debe ser dúctil, hábil, talentoso, valé con la pelota. Los pysâ tronco, olvidate. Abstenerse.
El «arquero volante» ejerce el papel de golero y a la vez puede mutar y ser otro jugador más, en este caso, volante. Pero lo de “volante” es más bien un sufijo para que el término quede más chusco. Porque no solo como volante o mediocampista puede desempeñarse: puede ser arquero-lateral, wing, centrodelantero, etc.

Puede decirse que el dios de los arqueros volantes es René Higuita. El legendario exguardameta colombiano deslumbró al rollo allá por los años ‘80 y ‘90 al animarse a salir jugando con la pelota. No le imiportó dejar desnudo su pórtico, arriesgando así el pellejo, a perder el balón y allí si que, atajate Catalina.
De hecho, haciéndose el gallito fuera de su arco, ya en zona del mediocampo, el camerunés Roger Milla le robó la pelota a Higuita. Y terminó anotándole un gol a Colombia en el Mundial Italia 1990, en pleno partido por octavos de final del Mundial Italia 1990.
Hasta entonces, todos los arqueros volantes de canchitas de barrio querían ser como Higuita. “Moopio, Higuita”, decían los perros al golero kachiâi y osado que salía gua’u a chulear fuera de su área. Por lo general, ante la falta de guantes, los arqueros volantes recurrían a zapatillas de goma para “amortiguar” mejor los pelotazos, pero eso era un problema a la hora de asegurar la pelota. Igual, te ponías gua’u esos “guantes” y creías que eras todo un crack. Oíma…

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