
Hay objetos que son solo metal, y hay objetos que resumen la biografía entera de una nación en doce toneladas de bronce. El Cañón Cristiano pertenece a esa segunda categoría.
Nació del eco sagrado de las iglesias paraguayas, rugió en la defensa de Humaitá, terminó exhibido como trofeo de guerra en Río de Janeiro y, más de 150 años después, sigue haciendo ruido diplomático sin disparar un solo tiro. En este 2026, el «Cristiano» volvió con fuerza a la conversación pública: tras las picantes declaraciones sobre el origen de la Guerra Guasu, la diplomacia paraguaya reflotó el reclamo histórico. La consigna es clara: un verdadero gesto de reconciliación histórica empieza por devolver el metal robado.
Pero antes de discutir sobre su repatriación, vale la pena entender qué lo hace tan único. Aquí te contamos los secretos, detalles técnicos y curiosidades mejor documentadas de la pieza de artillería más famosa de nuestra historia.
- La fe hecha pólvora: bautizado con las iglesias adentro
El nombre no es metáfora ni devoción vacía: el cañón fue fundido utilizando literalmente el bronce de las campanas de los templos de todo el país. George Thompson, el coronel de ingenieros inglés al servicio del Paraguay, lo explicó de forma tajante: se fundió «con las campanas de todas las iglesias del país, y por esta razón fue llamado El Cristiano». Cuando al Estado se le agotó el metal bélico, la fe puso el material. Curas párrocos y feligreses entregaron campanas sanas y rotas «para que pueda ajusticiar los derechos ultrajados». Cada disparo era, literalmente, el sonido de un campanario convertido en artillería.
- Ingeniería angloguaraní: la idea fue de un inglés
A diferencia de lo que dice la creencia popular, la idea de transformar sagradas campanas en un monstruo antiblindaje no fue de López ni de un técnico local. Partió del dibujante y técnico inglés Michael Hunter, quien el 26 de diciembre de 1866 presentó la propuesta al Ministerio de Guerra para frenar a los acorazados brasileños. El Semanario del 18 de mayo de 1867 felicitó formalmente a «los Señores ingenieros del Arsenal», mencionando con honores a Hunter y a su compatriota Nesbit. Una combinación perfecta de campanas paraguayas e ingeniería británica.
- Nació en Ybycuí y se «graduó» en Asunción
El vaciado comenzó en enero de 1867 en la mítica fundición de La Rosada (Ybycuí), dentro del plan de rearme posterior a la victoria de Curupayty. El 25 de marzo de ese año, la mole de casi 12 toneladas (unas 980 arrobas) fue trasladada a la capital para su barrenado y montaje final en el Arsenal de Asunción. Sus números daban miedo al enemigo: disparaba balas esféricas de 10 pulgadas (o proyectiles de 150 libras) a más de 4.500 metros de distancia. Para un país bajo un bloqueo militar asfixiante, fue una hazaña tecnológica insólita.
- Las campanas sobrevivientes le tocaron la marcha de honor
Cuando El Cristiano llegó triunfalmente a Asunción a inicios de abril de 1867, la ciudadanía salió «tumultuosamente» a recibirlo en las calles como si fuera un general victorioso. Las crónicas relatan que fue saludado por el repique a vuelo de las campanas de las iglesias que aún quedaban en pie. Una estampa trágica y poética: las campanas sobrevivientes saludaban en silencio el paso de sus «hermanas» convertidas en cañón.
- Una familia entera: del «Criollo» a las ollas de la cocina
El Cristiano no estaba solo. Formaba parte de una «familia» de cañones diseñados con ingenio desesperado:
- El Criollo: De 10 toneladas, fundido con campanas pero también con —atención al detalle— «los tachos y sartenes de cobre que había en el país».
- El General Díaz: De 7 toneladas, diseñado para devolverle al enemigo sus propias balas de a 32 recogidas del campo de batalla.
- El Acá Verá: Un viejo cañón rebarrenado con un característico anillo de bronce.
Toda la batería patria estaba pensada para perforar los blindajes del Imperio.
EL ARSENAL DE LA DESESPERACIÓN (1867)
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| Cañón | Peso aprox. | Origen del metal |
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| El Cristiano | 12 Ton. | Campanas de iglesias |
| El Criollo | 10 Ton. | Campanas + utensilios|
| General Díaz | 7 Ton. | Bronce reciclado |
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- La inscripción: una lección en los muñones
El explorador británico Sir Richard Burton, que vio la pieza poco después de su captura, dejó constancia de las grabaciones que llevaba en sus muñones de soporte. De un lado se leía: «Arsenal Asunción, 1867»; del otro, una declaración tajante de principios: «La Religión a el Estado». La Iglesia cedía su bronce sagrado para la supervivencia de la patria, y los artesanos se encargaron de que la historia no lo olvidara.
- Su «debut» sin disparos (y el humor de trinchera)
El Cristiano llegó a las baterías de Humaitá y provocó la curiosidad de la flota imperial. El periódico bélico Cabichuí (22 de agosto de 1867) relató con mordaz humor de trinchera que, cuando el acorazado brasileño Barroso se acercó a mirarlo, El Cristiano no disparó porque «como buen cristiano, al ver acercarse a un prójimo, se había puesto a rezar por su alma». Los que no rezaron fueron los cañones vecinos, que le metieron siete impactos al buque imperial, dejándolo a la deriva.
- El escondite en la barranca y el dolor de los vencidos
Tras la evacuación de Humaitá en julio de 1868, la orden paraguaya fue inutilizar los parques y despeñar los cañones al agua. El Cristiano fue lanzado bajo la barranca del río Paraguay, donde las fuerzas aliadas lo hallaron durante las operaciones del Chaco. En 1870, el historiador y diplomático paraguayo José Falcón lo vio exhibido en el arsenal de Río de Janeiro y escribió consternado que contemplaba los trofeos de su «desgraciada patria». El dolor era tal que Falcón anotó que el cañón pesaba «más de 80 toneladas»: la pena distorsiona hasta la aritmética.
- ¿Dónde está realmente hoy?
A diferencia de otros objetos patrimoniales sobre los que existen dudas sobre su paradero, el lugar exacto de El Cristiano no es un misterio: descansa en el Pátio dos Canhões del Museo Histórico Nacional en Río de Janeiro, siendo la pieza de mayor calibre y la estrella de la colección. En Passagem de Humaitá solo existe una réplica inaugurada hace algunos años. Para Brasil sigue siendo un trofeo militar protegido; para Paraguay, el símbolo del expolio.
- Un reclamo que cumple más de siglo y medio
Paraguay jamás renunció al cañón:
- En la década de 2010 se intentó negociar su trueque por los restos del buque brasileño Rio de Janeiro (fundido en aguas paraguayas), pero el estamento militar brasileño se negó.
- En 2023, el Congreso paraguayo instó formalmente a la Cancillería a acelerar los trámites.
- En el escenario actual: El debate volvió al primer plano político. Sin embargo, los juristas advierten que no basta con la firma del presidente de Brasil: la pieza está blindada por leyes de patrimonio histórico en el vecino país y su desincorporación requiere aprobación de su propio Congreso.
Yapa: Los «Cristianos» de segunda generación
José Falcón dejó registrado un dato casi olvidado: en 1869, durante la dolorosa retirada hacia Azcurra tras Lomas Valentinas, el ejército paraguayo volvió a improvisar un pequeño arsenal a tiro de cañón del enemigo. ¿El material? Campanas descolgadas de las capillitas que encontraban en el camino de marcha. Existieron cañones «cristianos» de segunda generación, nacidos en medio del barro y la agonía de la contienda.
¿Y ahora qué?
El debate sobre el Cañón Cristiano divide incluso a los historiadores locales: algunos sugieren que está mejor preservado bajo el cuidado de un museo internacional de primer nivel, mientras que la mayoría sostiene que la dignidad y el valor simbólico de una nación no son negociables.
Lo único indiscutible es el mito: que un país bloqueado, acorralado y sin recursos, fue capaz de fundir su propia fe para defender su suelo. Esa historia ya es nuestra, esté donde esté el bronce.




