
Ju’ái es el bocio: el agrandamiento visible de la glándula tiroides, ese bulto en la parte baja del cuello. Los diccionarios lo traducen también como papera, coto y buche.
Pero la palabra tiene una historia mejor que su definición.
Antes fue lo sano. En el Tesoro de la Lengua Guaraní del padre Antonio Ruiz de Montoya, publicado en 1639, ju’ái no era todavía una enfermedad: significaba la nuez de la garganta, la manzana de Adán. El padre Restivo la anota como aju’ái, coto o papada. Tupã Kuchuvi Veve la registra como manzana de Adán y bocio. El padre Guasch le suma papera, y el doctor Gatti Battilana agrega buche.
O sea: el guaraní tomó el nombre del bultito normal que todos tenemos en el cuello y se lo prestó al bulto que no debería estar ahí. La enfermedad se nombró por su parecido con lo sano. Es la misma lógica que usamos en castellano cuando decimos que a alguien «se le hizo un nudo en la garganta».
El uso figurado. Los diccionarios registran además sentidos que ya no tienen nada que ver con la anatomía. Guasch anota ju’ái con el valor figurado de ampuloso, superfluo, recargado —lo que sobra, lo que está de más, igual que el bulto—. Ortiz Mayans le suma cansancio, hastío. Como pasa con tantas palabras del cuerpo en guaraní, el mal físico terminó mudándose al carácter.
Aclaración necesaria. Se ve escrito de varias formas en internet: yu’a, yu’ai, ju’a. La grafía correcta según el alfabeto guaraní actual es ju’ái.
→ Leé más en nuestro artículo sobre los nombres de las enfermedades en guaraní.








