Testimonio: Así murió Emiliano R. Fernández

“¿Mávaiko la che japíva?”, fue la dolorosa frase de Emiliano R. Fernandez hace más de 70 años cuando fue atacado en un extraño atentado que acabaría con su vida. ¿Mataron al poeta más famoso del país por un problema político? Una testigo clave entrevistada por Paraguayología habla por primera vez y da detalles inéditos sobre el caso que incluso hoy no pudo ser aclarado.

Juana María Alvarez Camps (foto: gentileza)

La noche del 3 de noviembre de 1948 se presentaba misteriosa y con un aire diferente. Los vecinos del barrio Loma Clavel, de Asunción, terminaban sus quehaceres y socializaban desde la vereda. Frente a una de las casas había cuatro jovencitas de aproximadamente 20 años, una de ellas era Juana María Álvarez Camps, quien horas más tarde se convertiría en testigo presencial del atentado contra uno de los músicos más emblemáticos del país.

Emiliano R. Fernández llegaba al almacén de don Garcete, en una de las esquinas del barrio. Iba con su clásico vestir. “Siempre usaba una camisa color verdeolivo, toda desprendida. Cuando le soplaba el viento, se le veía la barriga y la botellita blanca que llevaba en la cintura. Él no faltaba al almacén, todas las noches se iba. ‘Ahí viene Emiliano’, dijimos cuando llegó”, relató doña Juana María en una inédita entrevista con Paraguayología.

Aunque la historia cuenta que lo peor ocurrió en el bar de Juanchí, Juana María asegura que todo pasó frente a aquel almacén. “Era una despensa bien surtida, vendían colchones y todo. El apellido del señor, del dueño, era Garcete”, recuerda la doña, que por ese entonces tenía 22 años. Aunque hace unas semanas cumplió 95, se mantiene lúcida y con sus recuerdos intactos.

“Yo estaba con mis amigas: Andrea (Ruiz Díaz), su hermana mayor Miguela, y una cuarta chiquilina. De repente vimos el fuego (disparo), yo he visto dos veces. Lo que escuchamos que Emiliano dijo fue ‘Mávaiko la che japíva?’. Él estaba caminando; se hirió pero igual caminaba. Nosotras dijimos ‘¡le acertó, le acertó!’; pero éramos muy chiquilinas, no conocíamos el peligro”, relata Juana.

Capilla Stella Maris, ubicada sobre la calle Justo Pastor Candia, frente al parque Rodríguez de Francia. En su vereda cayó herido Emiliano R. Fernández.

Tras ser blanco de un disparo a traición, el músico dio unos pasos y cayó al piso, quedando recostado en la vereda del sitio en el que actualmente se erige la Capilla Stella Maris, frente a la plaza José Gaspar Rodríguez de Francia. “Corrimos todos. Abuelita nos hizo entrar. Ella no quería que nos arrimemos al señor. ‘Peike, peike, no sabemos si va a continuar’, nos dijo”. Aquella era época de muchos conflictos políticos, post Revolución del ‘47.

“Estaban presentes como 10 muchachos. Detrás del músico iban mita’i pantalón corto. Uno solo sé cómo se llamaba, el que tocaba la guitarra, Ricardo; era el mayor, tenía como 20 años. Los muchachos se preguntaban dónde le iban a llevar a Emiliano: ‘Jaraha Hospital Militarpe’, decían. Todos dicen que se le llevó en camilla, yo no vi que se le haya llevado en camilla. Le llevaron upa, sosteniéndole la cabeza”, mencionó la doña.

“Un muchacho joven nos dijo: ‘Váyanse de acá porque ustedes van a salir de testigo’. ‘¿Y qué quiere decir testigo?’, le preguntamos; éramos tavy (ignorantes). Después ya entramos”, añade.

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Al día siguiente, las cuatro jovencitas visitaron a Emiliano en el hospital, ubicado muy cerca del barrio. Les atendió el guardia y les preguntó: “¿Ustedes son sus parientes?’”. Todas se asustaron y quedaron calladas. “¡Hablen!”, les exigió el guardia. “No, somos sus vecinas”, respondieron tartamudeando del susto. “Ahora no van a entrar, es delicado su estado, está prohibido que entren criaturas. Vengan otro día con gente mayor”, les ordenó el hombre. Salieron del lugar y volvieron a la casa, sin contar a nadie lo que hicieron. “De eso no sabía abuelita. A escondidas de ella nos fuimos”, contó Juana María.

Emiliano sobrevivió y luego guardó reposo por varios meses en la casa de sus padres, en barrio Ysaty. Pero al año siguiente, el 15 de setiembre de 1949, falleció a raíz de algunas complicaciones como consecuencia del disparo.

¿Quién disparó a Emiliano?

La gran interrogante es quién fue el responsable de aquel atentado contra el músico. La testigo ocular nos contó su versión inédita. “Dionisio fue el que tiró. Era un señor de cabello duro, tenía cerca de 40. Yo le vi de cerca. Él vino de hacia el bajo, por lo visto le pidió a alguien que le avise cuando Emiliano llegaba. Le disparó cuando salía del almacén de don Garcete”, afirma con total seguridad Juana María Álvarez.

Esta versión coincide en parte con algunos historiadores que dan como responsable del hecho a Dionisio Acosta Rojas, alias “Johnson”. Pero doña Juana hace una salvedad: Dionisio y “Johnson” no eran la misma persona. “Johnson era el padrastro de Dionisio, se llamaba Bonifacio (Rivas) y estaba casado con Ana. Su mamá era Ña ‘María Hũ’, una señora muy morena. Recuerdo que ella tenía otros hijos que se llamaban Higinio y Felipe; hermanos de ‘Johnson’. Ña ‘María Hũ’ vivía en la esquina (hacia casa Rosada)”, asegura.

Casa Rosada. Antigua vivienda del barrio asunceno. En sus alrededores Emiliano y sus amigos iban a tomar y cantar.

Dionisio vivía hacia la zona baja, sector conocido entonces como Kure cuá (lugar de muchos chanchos). “Él venía de la zanja, de ahí subía. Yo le he visto cuando venía subiendo. Lo que vimos también fue que (después del disparo) corrió hacia abajo. Uno se pregunta por qué corrió, no tenía capacidad de enfrentar la situación; no se defendió. Después vino el padrastro (Johnson); por lo visto vino a llevarle, pero no le dimos importancia. Nosotras no sabíamos el peligro por eso nos fuimos a atropellarle al herido. Nos espaciaron los muchachos. Si abuelita veía eso, con chicote nos iba a hacer entrar”, señala la mujer.

Días después, ya no se supo de Dionisio, al parecer huyó hacia territorio argentino. “Se dijo que tenía una tía que vivía en Clorinda. ‘Oiméne ohóta Cloríndape’, decía la gente”. Por su parte, “Johnson” murió trágicamente. En una excursión, lo empujaron al barranco y ahí falleció, de acuerdo a la versión de doña Juana.

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Añade que él estaba amenazado, por ser Guión Rojo (grupo paramilitar del Partido Colorado que defendió a Higinio Morínigo en la Revolución del ’47). Ella recuerda que “Johnson” salía en patota para protegerse y que en la plaza había muchas discusiones políticas. “Cuando eso se tenía miedo de los Guiones Rojos. Nosotros no sabíamos qué era y le preguntábamos a abuelito: ‘¿Qué quiere decir Guión Rojo?’. ‘Para qué quieren saber’, nos decía. Abuelito era extranjero y no quería saber nada de la política”, dice Juana, cuyo abuelo era catalán.

Aunque ella no sabe a ciencia cierta cuál fue el motivo del disparo que recibió Emiliano R. Fernández, muchos relatos indican que se debió a diferencias políticas.

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Eran días de mucho conflicto. Justamente, la doña cuenta que una vez “Johnson” dijo: “Que no se toque esta casa, que nadie la balee”, refiriéndose a la casa en donde vivía Juana con sus abuelos. Sin embargo, poco después fue la más baleada por los adversarios políticos de Bonifacio. “Nos balearon todo mal. Nosotros teníamos un ropero feroz, ahí entramos yo y mis hermanos”, recuerda la señora.

Muy querido en el barrio

Pese a los problemas políticos, Emiliano solía ir todos los días al barrio, no faltaba nunca. Allí se encontraba con sus amigos músicos con quienes aperitaba y recitaba sus poemas. Él solía hablar con Juana y sus amigas al pasar frente a su casa, pero muy poquito. “Nos decía sus versos, pero nosotras no entendíamos. No llevábamos en cuenta; cosas de amor hablaba pero no era grosero. Todo lo que él cantaba me gustaba. ‘Cállense porque canta Emiliano’, les decía yo a mis amigas. A veces él no cantaba, otro cantaba, pero con los versos que él escribía”, indica Juana María.

Emiliano R. Fernandez.

Para ella y sus amigas era todo un espectáculo oír cada noche las letras del poeta. Pero solo tenían ese privilegio en verano y los días de sol, ya que tenían prohibido salir en otra temporada. “En el invierno, abuelita no nos permitía salir. Si llovía, tampoco. Nos decía: ‘No sirve, porque la humedad les va a subir todo por el cuerpo’. Y si desobedecíamos, le llamaba a Juan (su abuelo)”. No obstante, siempre estaban expectantes de la actuación del músico.

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Aunque muchos historiadores relatan el atentado contra Emiliano con detalles distintos, doña Juana defiende su versión con total seguridad. Ella vio de cerca lo que ocurrió y es quien mejor lo puede contar. Por mucho tiempo, su mayor anhelo fue dar a conocer esta historia, pero sus escasos recursos le impedían comunicarse con la prensa. Hoy, a sus 95 años, se le cumple el deseo de ser escuchada.

Gabriela Báez Zárate

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