Murió campera

Por décadas fue la frase por excelencia popularizada por los migrantes coreanos que se dedicaban a la venta domiciliaria de prendas de vestir, principalmente camperas. En realidad, la expresión realmente era «mulió campela», por la forma dificultosa en que estos ciudadanos orientales pronunciaban el castellano.

Los coreanos revolucionaron la venta de estas prendas con su sistema crediticio que daba la facilidad de pagar en cuotas semanales. Esto se adaptaba muy bien al uso local, dado que muchos trabajadores eran «semanaleros»; es decir, cobraban por ejemplo cada sábado, día habitual en que los vendedores aparecían a intentar percibir sus cuotas.

Por supuesto, se topaban con toda clase de historias de los clientes que eran remolones para pagar lo prometido. Como eran créditos bastante informales -para lo que son las exigencias actuales- no había pagaré, garante, ni nada de eso. Tanto se popularizó el sistema que incluso en la conversación cotidiana, la gente hablaba por ejemplo diciendo: «mi coreano».

Entonces, alguien en un inquilinato o en un taller donde había varias personas que no tuviera con qué pagar, le pedía a alguien que atendiera al coreano informandole que ese deudor había fallecido. Entonces, el desenlace de la historia era que el pobre vendedor agitaba la cabeza y repetía resignado la famosa frase: «Mulió campela».

 

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